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Economia productiva vs Economia rendista. Escrit sobiranista valencià republicà d’Elisenda Cremades (RV/PVE)

Encetem amb aquest article d’Elisenda Cremades que ens l’envia des de Burriana, una sèrie d’aportacions d’afiliats i simpatitzants de RV/PVE que anomenarem : ‘Escrits sobiranistes valencians republicans’. Podeu remetre les vostres aportacions a anna@republicavalenciana.org

ECONOMÍA PRODUCTIVA vs ECONOMÍA RENTISTA
Introducción
En este pequeño artículo pretendo exponer porque el proyecto económico español es lesivo para el País Valenciano y sus habitantes, especialmente para los más jóvenes, que son los que soportarán en el futuro todavía de forma más injusta esta situación.
Diferentes modelos económicos
No existe en el Estado español un único modelo económico, es una prueba más de las distintas visiones de este, y que se concretan en la plurinacionalidad del Estado.
Una simple observación nos permite distinguir básicamente dos modelos económicos muy diferenciados y divergentes. El que se extiende por el este de la península ibérica, denominado “el corredor mediterráneo”, y el que se extiende por el centro y sur de esta. Estos dos modelos se contraponen: el primero es de carácter industrial, fuertemente implantado, muy productivo y competitivo, y en el que es escasa la ayuda y apoyo estatal, mientras que el segundo es de carácter rentista, con escaso desarrollo industrial, poco competitivo, y que por contra está fuertemente apoyado por el Estado.
Por tanto, lo primero que debemos preguntarnos es el porqué de esta diferencia tan nítida de modelos. Esto se explica por la distinta formación de las diferentes naciones del Estado español. Siempre es así. La historia, es decir, lo que pasó en el pasado y el cómo se gestionó, nos llevan a comprender mejor el presente. Pues bien, aquellos territorios que en su momento realizaron reformas agrarias o desamortizaron las tierras del clero y/o nobleza (como Catalunya o el País Valenciano), después estuvieron en condiciones de desarrollarse también industrialmente. Por contra, aquellos territorios que no realizaron reformas agrarias, y siguen teniendo una estructura de la propiedad de carácter latifundista, después tampoco estuvieron en condiciones de realizar la revolución industrial. El lector preguntará, ¿Y esto porqué ha sido así?
En aquellos territorios en que hubo reforma agraria (como el País Valenciano con las reformas liberales), la propiedad privada de la tierra de labranza pasó de la nobleza y/o el clero a una gran cantidad de pequeños propietarios que tuvieron que responsabilizarse de su propia economía familiar, y por tanto, les interesaba incorporar todos los avances tecnológicos a su alcance, ya que cualquier mejora en la productividad repercutía directamente en la mejora de su situación económica. Incluso abrir nuevos mercados para mejorar los precios. Mientras que aquellos territorios en los que la tierra siguió en manos del clero y/o de la nobleza, sus propietarios no se mostraron interesados en invertir para aumentar la productividad de esta, porque tenían de sobra para vivir de renta sin mayores dolores de cabeza. Tampoco después les interesó realizar la revolución industrial, porque en realidad les complicaba la vida (es más fácil ser rentista).
El carlismo está basado fundamentalmente en una forma muy particular de ver la economía y la religión. El modelo económico carlista del País Valenciano era el de pequeños propietarios (una gran clase media) que se organizaba en torno a la familia, y que inicialmente estaba orientado a la subsistencia (así fue en la zona de Teruel y País Valenciano), pero que a medida que fue aumentando la productividad de la tierra, y también se fue industrializando el territorio (País Valenciano), se fue volviendo cada vez más competitivo y productivo. Lo que queda del carlismo actualmente en el País Valenciano es el modelo de pequeñas y medianas empresas de carácter familiar.
Frente a este modelo económico del País Valenciano, tenemos el modelo del centro y sur de la península en el que existe un modelo agrícola latifundista, fuertemente subvencionado tanto por la Unión Europea como por el Estado, así como otras formas de mantener una economía rentista, como es que la mayoría de castellanos son funcionarios o tienen empresas que “viven” del BOE, o los subsidios que se dan en Andalucía y Extremadura por las “peonadas”. Este modelo es caro y claramente ineficiente, y por supuesto, alguien tiene que pagarlo.

Un concepto erróneo de la solidaridad
Existe en España, una forma de entender el concepto de solidaridad muy peculiar. Es algo que está implícito en el lenguaje de los políticos españoles, pero que claramente es erróneo. El lector habrá oído decir muchas veces que Andalucía, Extremadura o las Castillas son muy solidarias, que se sienten cómodos con ese concepto, que sus gentes son generosas, etc., frente a Cataluña y Comunitat Valenciana, que siempre se están quejando y hablando de temas de dinero porque sus ciudadanos son muy tacaños y escasamente solidarios.
Y digo que es una forma errónea de entender la solidaridad porque aquellos que son receptores de fondos netos (la España rentista) se considera a sí misma solidaria, cuando en realidad no da nada a los demás, sino más bien lo contrario, practica una economía extractiva respecto del “corredor mediterráneo” que es quien en realidad paga toda la fiesta y encima tiene que pasar por ser esa España insolidaria y tacaña. Es que es muy lógico que el que paga la fiesta estudie cuanto le cuesta esta, y el que no la paga se despreocupe y participe plenamente de ella.
Que yo sepa, la solidaridad es voluntaria. Es una acción de dar a cambio de nada de forma voluntaria, porque en caso de no ser voluntaria, estaríamos hablando ya de otra cosa, robo, extorsión, expolio, etc. Pues bien, este es el caso del País Valenciano. No podemos decir que el País Valenciano es solidario porque en realidad es el Estado el que práctica una economía sistemáticamente extractiva con este territorio a través de los Presupuestos Generales del Estado. La contribución neta de los valencianos al Estado siempre es superior a la del gasto público que el Estado realiza en dicho territorio. Más teniendo en cuenta que la renta per cápita de los valencianos es inferior a la media del territorio del Estado Español.
Así pues, no podemos afirmar que los valencianos seamos solidarios porque para que eso pudiera decirse, tendríamos que disponer de nuestro propio dinero, y bien sea individualmente, o de forma colectiva aprobada por la propia población, decidiéramos gastar parte del tesoro valenciano en otros territorios u organizaciones. Pero ese no es el caso. El caso es que parte de la renta de los valencianos es requisada directamente por el Estado, o lo que es lo mismo, los valencianos, como pueblo, estamos siendo expoliados, y el destino de esos fondos es para pagar la fiesta de la España rentista. A ese expolio, en la España rentista se le llama solidaridad.

Paro estructural y desastre
Teniendo en cuenta que una parte del Estado Español (el corredor mediterráneo) financia a otra parte del Estado (el centro y sur de la península), y que a pesar de ese flujo de dinero extra que va dirigido a ese territorio, este mantiene sus ineficiencias y no evoluciona hacia una estructura económica más moderna, no es difícil explicar porque en el Estado Español siempre existe una alta tasa de paro estructural, mucho más alta que la de la media europea, del que es especialmente preocupante el índice de paro juvenil, que está en torno al 45%.
Este nivel de paro estructural, a todas luces excesivo ha provocado una política laboral del Gobierno Español del PP muy lesivo para los trabajadores y trabajadoras, con contratos muy precarios y estacionales. El resultado es que la Caja de la Seguridad Social está vaciándose de forma alarmante, y dada la pirámide de población invertida que existe en el territorio español, va a verse abocada a la quiebra en relativamente poco tiempo.
Esto pronostica un desastre para el Estado Español, que no ha sabido aprovechar el flujo de dinero desde el corredor mediterráneo hacia el centro y el sur, para modernizar su estructura económica, y del que, en ningún caso, ese desastre será responsabilidad de los valencianos.
Será el momento de decir: “nosotros los valencianos, nos vamos, porque no tenemos ninguna responsabilidad sobre lo que aquí (España) ha pasado en los últimos siglos”.

Elisenda Cremades (Burriana -La Plana)

Levante-EMV publica l’article “Los valencianos y España” de Víctor Baeta

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TEXT ORIGINAL (en roig allò no transcrit)

Los valencianos y España (1)
Antes de entrar a analizar la relación existente entre los valencianos y España, definamos los términos.
–         Valencianos, es decir, los cinco millones de residentes de la actual Comunitat Valenciana, d’Orihuela-Oriola a Vinaròs, territorio del histórico Regne de València, borrado políticamente del mapa de Europa, por el “justo derecho de conquista” acción bélica que se plasmó jurídicamente en el decreto borbónico de Nueva Planta del 29 de junio de 1707.
–         España o Nación española o Pueblo español o Estado español, es decir, la concreción del proyecto imperial de los soberanos de Castilla, explicitado en el primer artículo de la primera Constitución española, la de 1812, que dice:
Artículo 1: La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Definición que liga el concepto de España a la idea de Imperio y en consecuencia, la Nación española o España subsistirá mientras sobreviva el Imperio que forjó Castilla o, para ser rigurosos, mientras sobreviva el Imperio que forjaron los soberanos (reyes, oligarquías o parlamentos) que eligieron Castilla como metrópoli de su imperio. De ese Imperio castellano, rebautizado español desde 1812, en la actualidad, desprendidas ya las colonias de ultramar, solo restan los territorios de la antigua Corona de Aragón y los enclaves africanos de las Islas Canarias y las ciudades marroquís de Ceuta y Melilla. La relación con Navarra y Vasconia es ambigua, en apariencia de no dominio y basada en el pacto.
Para los valencianos la Nueva Planta de 1707 está vigente. La soberanía territorial que se define en ella y cuya única legalidad jurídica surge de «el justo derecho de conquista», es la base de todas las constituciones españolas, desde la primera de 1812, hasta la actual, pasando por la republicana de 1931.  La soberanía que aduce el Estado español, por su génesis, es espuria y los treinta y dos  diputados valencianos,  diluidos en su parlamento, tan inocuos políticamente como los procuradores saharauis en las Cortes franquistas. Para los valencianos el Estado español solo es garantía de espolio. Al recaudar nuestros impuestos y decidir unilateralmente el pago del gasto y las inversiones públicas nos tratan como lo que somos para ellos: una colonia. Su criterio distributivo es: a estos les damos los restos y si quieren algo que se lo paguen.
Ahora, en mayo del 2017, asistimos de nuevo al baile de eunucos de los parlamentarios valencianos en Madrid, castrados y bien cebados, para asentir –no sin ciertas ‘distracciones’ demagógicas de algunos- ante la ignominia que representan los presupuestos del Estado español para con los cinco millones de valencianos. Decimos ‘distracciones’ porque, en esta segunda restauración monárquica, los valencianos somos ‘distraídos’ por la oposición de turno con la excusa que es el ‘otro’, el Gobierno central o autonómico respectivo en el poder, el responsable de que los valencianos seamos tratados con menosprecio por todos ellos. Estén las derechas españolas en el poder, estén las izquierdas españolas en el poder, la consideración  por parte del Estado español respecto a los valencianos es siempre la misma: desaire y ninguneo.
A los valencianos no nos aprovechan los Rajoy o Rivera, pero tampoco los que aspiran a substituirles: los Sánchez o Iglesias, a los que se ha sumado entusiásticamente ‘nuestro’ Baldoví, para mejor “ofrenar noves glòries a…” la izquierda española. Pero ya tampoco el PPCV o el PSPV o Compromís o Ciudadanos o Podemos, supeditados todos ellos a lo que les marcan desde Madrid.
Los valencianos o ejercemos políticamente de valencianos o se nos continuarán miccionando encima de manera inmisericorde como desde siempre  lo están haciendo. Los valencianos hemos de tomar nota de los navarros, de los canarios, de los catalanes y de los vascos.
Los valencianos hemos de evitar que nos distraigan con los cantos de sirenas de las derechas e izquierdas españolas que, con sus discursos,  se reparten las clientelas para mantenernos a los valencianos bien divididos y mejor neutralizados.
El tren de la historia se acerca de nuevo y los valencianos esta vez nos hemos de aprestar para subirnos a él y no dejarlo pasar. Pero cómo subirnos y para que, será el motivo de otro artículo: Pacto federal o vía catalana (2).

Víctor Baeta de RV/PVE
València, mayo del 2017